Un Caballero andante en un mundo sin aventura,
como un escritor que escribe sin tener oficio;
a este lado del espejo, al borde del precipicio,
en un mundo estólido y carente de lectura.
Un rocín flaco sin un amo sediento de justicia,
como ver a los inmorales subir en el escalafón;
mientras una pluma duerme en un oscuro cajón:
una aventura que no muere, porque no inicia.
Una noble y soberana dama sin un loco enamorado,
como un verso que zozobra en vulgaridades elocuentes,
entre naufragios de pseudo poetas divergentes:
unas estrofas atropelladas llevan a ningún lado.
Un escudero pobre sin un noble caballero enajenado,
como una retórica que se ahoga en su pensamiento;
se construye una prosa sobre exánime cimiento;
unos cuentos ligeros para un entendimiento menguado.
Un arte agonizante en un mundo que gravita lento.
Como una borrasca inútil que a nadie moja,
o un vendaval que no pone a bailar ni una hoja:
un molino de viento sin aspas, ni viento.
Imagen:
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