En el mar Egeo ya no navega el barco de Teseo.
Y ya no es relevante si sus maderos no son nuevos,
o si fueron reemplazos por otros más longevos;
ya no importa si ese es o no el barco de Teseo.
Ya no pende sobre los tiranos una espada de Damocles.
Y de nada sirve atarla con un pelo sobre un trono,
si hoy el poder lo detentan ocho infames monos;
Nada que perder, quedó roma la espada de Damocles.
Ya no desafía la potestad del sol el intrépido Ícaro.
Y ya da igual si alza su vuelo en alas de cera,
o si, ya derretidas, cae al vacío hasta que muera;
hoy duerme en la apatía el vuelo de Ícaro.
Ya no se refleja en un estanque el bello Narciso.
Y se ha normalizado el ego y la vanidad exacerbada,
su belleza es solo otro píxel en medio de la nada;
otro abyecto onanista obnubilado es Narciso.
Ya no emprende una odisea el heroico Ulises.
Ya no hay "dioses" que empujen a nadie a la aventura,
ni una Penélope que teje y desteje su desventura;
en la amarga soledad de la pereza, duerme hoy Ulises.
Imagen:
"The Course of Empire: Desolation", de Thomas Cole (1836 - Dominio público)



,_from_Los_Caprichos_-_Google_Art_Project%20(1).jpg)
.jpg)


.jpg)
