En tiempos donde el honor es reliquia olvidada
y la virtud un concepto de museo polvoriento,
hay un código ancestral que aguarda su momento,
brillando en la penumbra como espada forjada.
Un poeta debe ser virtuoso:
sus letras firman sentencias contra la mediocridad,
sus rimas son escudos que rugen contra la oscuridad;
y su corazón solo conoce un camino sinuoso.
Un poema debe ser un adalid de la luz:
sus versos deben sostener la moral del mancillado,
y ser la fuerza que mantenga incólume al despreciado;
como un murmullo que arrulla a quien porta su cruz.
Un verso debe ser un manifiesto contra la nada,
contra estrofas vacías de altruismo impostado;
debe ser rosa de los vientos del espíritu honrado
y guardar silencio cuando la virtud deba ser escuchada.
Una rima debe ser una espada,
que eleve el argumento y lo mantenga como un roble, sólido;
un filo noble contra la vesania de un mundo estólido:
una hoja que hiere sin contacto y permanece inmaculada.
Una estrofa debe tener una verdad encerrada:
debe infundir valor en el alma para ser revelada,
y tener autoridad en el honor para ser sustentada;
rutilará por siempre si un corazón la mantiene atizada.
Imagen:
"A Difficult Decision" de Louis Charles Moeller (1855 - 1930 - Dominio público)
