En la consuetudinaria ignominia de la vida,
cuando todo se hace cuesta arriba
y sientas que el cansancio te derriba,
vale más tu perseverancia que el ansia perdida.
En la histeria urbana que absorbe almas a raudales,
cuando el vértigo cotidiano roce tu pensamiento,
no creas que tu vida se resume a solo un momento;
vale más una dicha que cientos de carcajadas triunfales.
En la perdida batalla contra el tiempo inefable,
cuando te enfrentes cara a cara al insondable abismo,
no pienses que son vanas las muestras de altruismo;
vano es no haber amado nunca en una vida miserable.
En el vasto e inexpugnable laberinto del destino,
cuando camines al lado del poder inconmensurable,
piensa que ceder al vicio es ventaja desdeñable;
y mantener incólume la virtud no es un desatino.
En el amargo y angustiante manantial de la sabiduría,
cuando se desvirtúen las preguntas en sus respuestas,
no creas que luz y razón son desdeñables apuestas;
si puedes iluminar un pensamiento, todo lo justificaría.
En la angustia de advertir el futuro en manos de otros,
mantén siempre firmes tu fe y tu esperanza inclaudicables,
y mientras tanto, alejémonos de esta tormenta interminable,
hasta que el sol vuelva a brillar para todos nosotros.
Imagen:
"El sueño de la razón produce monstruos", Francisco de Goya (1799 - Dominio público)
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